El Catafracto

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martes, 15 de marzo de 2011

Cartas Famosas: Carta del general San Martín a Tomás Guido


 
      Hay gente que cree erróneamente que los problemas del país son signos de la actualidad. En nuestra reciente historia, ya que somos un país muy joven; los signos de decadencia política ya eran una realidad durante los albores de nuestra patria.

     En esta nueva sección ire posteando cartas famosas, de personajes relevantes; algunas inquietantes, reflexivas, etc.

     Acá les dejo una emotiva carta que redacto el general Don José de San Martín a su amigo el general Tomas Guido, en la cual explica la penosa situación política del país desde Europa, presagiando oscuros augurios; donde los conspiradores y especuladores de esos tiempos ya actuaban con total denuedo para conseguir sus planes.



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      “El foco de las revoluciones, no solo en Buenos Aires sino en las provincias, ha salido de esa capital; en ellas se encuentra la crema de la anarquía de los hombres inquietos y viciosos, de los que no viven más que de los trastornos porque no teniendo nada que perder todo lo esperan ganar en el desorden: porque el lujo excesivo multiplicando las necesidades, se procuran satisfacer sin reparar en los medios; ahí es donde un gran número no quiere vivir sino a costa del estado, y no trabajar, etc. etc.

Estos medios de desorden que encierra la capital deben desaparecer en lo sucesivo. Que sepan los díscolos y aun los cívicos y las demás fuerzas aradas de la ciudad, que un par de regimientos de milicias de campaña, impidan la entrada de ganado por días, y yo estoy bien seguro que el pueblo mismo será el mas interesado en evitar todo trastorno, so pena de no comer, y esto es muy normal.
A esto se me dirá que el que tiene más ascendiente en la campaña será el verdadero jefe de estado; y en este caso no existirá el orden legal.

Sin duda señor Don Tomas, esta es mi opinión, por el principio bien simple que el título de un gobierno no está asignado a más o menos liberalidad de sus principios, pero si a la influencia que tiene en el bienestar de los que obedecen...

Ya es tiempo de dejarnos de teorías, que 24 años de experiencia no han producido más que calamidades. Los hombres no viven de ilusiones, sino de hechos: ¿qué me importa que se me repita hasta la saciedad que vivo en un país de libertad si por el contrario se me oprime?...

¡Libertad! désela usted a un niño de tres años para que se entretenga por vía de diversión con un estuche de navajas de afeitar, y usted me contará los resultados.

¡Libertad! Para que un hombre de honor se vea atacado por una prensa silenciosa, sin que haya leyes que lo protejan y si existen se hagan ilusorias.

¡Libertad! Para que si me dedico a cualquier género de la industria, venga una revolución que me destruya el trabajo de muchos años y la esperanza de dejar un par de bocados a mis hijos.

¡Libertad! Para que se me cargue de contribuciones a fin de pagar los inmensos gastos originados porque a cuatro ambiciosos se les antoja por vía de la especulación, hacer una revolución y quedar impunes.

¡Libertad! ¡Libertad!...Maldita sea la libertad, ni será el hijo de mi madre el que vaya a gozar de los beneficios que ella proporciona, hasta que no vea establecido un gobierno que los demagogos llamen tirano y me proteja contra los bienes que me brinda la actual libertad.

Talvez usted dirá que esta carta está escrita por un humor bien soldadesco. Usted tendrá razón, pero convenga usted que a los 53 años no puede uno admitir de buen fe el que le quieran dar gato por liebre.
No hay una sola vez que escriba sobre nuestro país, que no sufra una irritación. Dejemos este asunto y concluyo que el hombre que establezca el hombre que establezca el orden de nuestra patria, sea cuales sean los medios para que para ello emplee, es el solo que mereciera el noble título de su libertador”

(Sierra, Vicente: Historia Argentina.)



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