El Catafracto

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jueves, 24 de febrero de 2011

Consumismo, materialismo y los adoradores del becerro de oro

   
      Navegando por la web, encontre estas lineas que transcribo a continuación; de forma tal que no ha sido cambiada ni una sola letra del original. Un resumen sencillamente genial que no podia pasar por alto.

Fuente de origen :
http://tolteca-guillermomarin.blogspot.com/2010/10/la-filosofia-del-autoconsumo.html


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     El “pensamiento moderno”, que no es otra cosa que las ideas que sustentan al capitalismo, nacido simbólicamente en 1776 con la creación de los Estados Unidos(1), y que comienza a contaminar y agredir a las milenarias civilizaciones y formas de organización social del planeta desde 1789, con la primera revolución burguesa del mundo en Francia(2) que fue promovida y financiada por los mercaderes.



Este modelo percibe al ser humano y a la naturaleza como objetos susceptibles de convertirse en “mercancías”. En tanto los seres humanos se puedan “explotar” mediante su “mano de obra” y la naturaleza sea fuente de riqueza a través de la depredación. Los dueños del dinero global, los mercaderes, por medio de “la democracia partidista”(3) puedan someter a los pueblos para que sean entregados como indefensas mercancías a las poderosas fuerzas del Mercado.




La visión diabólica de una super mega fuerza, que gobierne a todos los pueblos del mundo a través del dinero, las mercancías, el comercio y el consumo. Mundo en el que no existan culturas, lenguas, tradiciones, costumbres, religiones, monedas, autoridades, constituciones, instituciones, fronteras, banderas. Un mundo “perfecto” en el que se regule por las inexorables leyes del Mercado y en el que el ser humano esté excluido de la toma de decisiones y que el Becerro de Oro sea adorado en sus deslumbrantes templos, ahora llamados “mega centros comerciales” y grandes rascacielos de poder económico. Mundo en el que las diferencias se den por el poder adquisitivo y que los ciudadanos pasen a ser consumidores y el dinero la mercancía suprema del sistema.


Carlomagno


Desde que los mercaderes, huyendo de las leyes ancestrales que los limitaban en el acceso al poder en el Oriente Medio, llegaron a la península europea invitados por el rey franco Pepino el Breve y continuaron con su hijo Carlomagno, quien quería crear el primer gran imperio en Europa, después de la caída del Imperio Romano a través de que en su familia hubiera una “sangre real”, que legalizara “ante Dios” su mandato en la tierra por medio de “los descendientes de David” (dadivianos)(4).




Los mercaderes han desarrollado una vieja estrategia para apoderarse del mundo. Primero lo hacen a través de la conquista económica e ideológica de los pueblos europeos guerreros (los bárbaros del Norte) y después, con ellos y su poder económico (judeo-anglosajón)(5), ir conquistando y sometiendo a todos los pueblos del mundo entero. Desde el reino franco hasta Irak(6).


                                    
Por miles de años, desde que el ser humano tuvo conciencia de “Ser”, buscó satisfacer sus necesidades materiales para posteriormente darle significado a su vida, para encontrar la trascendencia en la satisfacción de sus más elevadas necesidades de carácter espiritual. La conciencia de “Ser” transforma al mundo en un espacio sagrado. La divinidad humana deviene de la revelación de este misterio. Lo “humano” es el espacio de encuentro entre lo tangible del mundo material y lo intangible del mundo espiritual. Los testimonios históricos y arqueológicos de las seis civilizaciones con origen autónomo nos confirman unánimemente que en el vértice superior del desarrollo humano de cada uno de estos pueblos estaba en la “liberación del Espíritu de la materia”.




Los pueblos de Mesopotamia, Egipto, Anáhuac, China, India y el Tawantinsuyu vivieron durante milenios enteros construyendo sus diferentes culturas y civilizaciones a partir de la visión suprema de la liberación del Espíritu de la materia. De diversas formas y por diversos caminos se dirigieron al mismo punto. Sus “filosofías” y sus religiones, con diversas variantes buscaban el mismo camino de realización y plenitud individual y colectiva. Todas tuvieron una dirigencia sustentada en la virtud humana a través de desarrollar, por medio de la educación de la NOBLEZA HUMANA. Entendida, no como un linaje sanguíneo o la decisión hereditaria de un personaje, sino por el logro de una alta conciencia, una elevada responsabilidad y un conocimiento del desarrollo del potencial espiritual del individuo y la sociedad.


                               
La condición humana es la imperfección. Por tal, nada es perfecto en la vida humana, pues perdería su esencia. La búsqueda de la VIRTUD es un camino, no una meta. Las seis civilizaciones ancestrales transitaron estos caminos con sus “altibajos” y jamás ninguna ha llegado a la “perfección”, pero la búsqueda y la lucha cotidiana de esa perfección o “virtud”, es lo que le da sentido a su existencia, de manera individual y colectiva. Este es el gran secreto y lo más elevado de la sabiduría humana, tomando en cuenta que “lo verdadero” y trascendente de la “realidad”, ni se ve ni se toca y que lo material e inmediato es tan solo “un espejismo”.



Pues bien, todos los pueblos antiguos del mundo, todos, han buscado por diferentes caminos el mismo destino. Sin embargo, la cultura creada por los mercaderes en Europa, que es la más reciente del mundo y que, simbólicamente desde 1492 ha iniciado “el descubrimiento, conquista y explotación” del mundo y que ahora posee, no solo el poder económico, financiero, comercial, tecnológico, militar e ideológico, sino fundamentalmente el cultural del planeta. En efecto, desde Wall Street, pasando por el Pentágono, las cadenas noticiosas y la producción de la multimedia “internacional” y conectadas electrónicamente con las bolsas de valores de Nueva York, Londres y Tokio, los mercaderes a través de su visión del mundo y la vida, -que es financiera, materialista y consumista-, han logrado imponer su cultura y “su verdad histórica”.



En efecto, los mercaderes han hecho creer que el “el mundo y la relación de los seres humanos y la naturaleza” han sido siempre iguales, como lo es hoy en día (explotación-depredación-consumo). Es decir, individualista, materialista y hedonista. La nueva religión en el mundo es la del culto al Becerro de Oro y sus sacerdotes son “los hombres de empresa” y el “fuego divino” es el dinero. Nos han hecho pensar a través de la multimedia que la religión, la espiritualidad, la ancestral tradición es producto de “la ignorancia” y el estado primitivo. El individualismo, la competencia y el poder económico son el camino de “la virtud moderna”. El dinero y el consumo “literalmente a cualquier precio”, así como la “desregulación” no solo de las leyes que protegen el bien común sobre el interés privado, sino fundamentalmente la “liberalización” de todas las reglas sociales (morales y éticas) que permiten tener una sociedad “sin límites”, son la culminación de una sociedad en la que la “libertad” (personal y de las corporaciones) es la esencia y fundamento de su existencia.




Los seres humanos de todo el planeta durante milenios vivieron en trono a valores que no tenían nada que ver con el consumo de bienes, el atesoramiento y el individualismo. Es apenas hace 234 años, con la creación de Estados Unidos y su visión del mundo y la vida, que los seres humanos estamos viviendo en un creciente “hipermaterialismo hedonista”, que aniquila al ser humano, la familia, la comunidad y al mismo planeta.




La creencia de que el ser humano vive para comprar y poseer, y que consumir es la experiencia más elevada de la existencia humana, es la base ideológica de los mercaderes y del Mercado. Nos han hecho creer que los seres humanos, desde el origen de los tiempos siempre fueron movidos por estos valores y que su vida personal y colectiva estuvo siempre sustentada en el mundo material exclusivamente. Que la codicia, la avaricia, el atesoramiento, la usura, el deseo de poseer y consumir es lo que ha movido a todos las personas en la “historia de la Humanidad”. Pero justamente es al revés, la humanidad ha vivido por milenios bajo la búsqueda de la trascendencia espiritual de la existencia material en sus múltiples niveles y en sus polifacéticas expresiones culturales. El comunitarismo, la solidaridad y la fraternidad han estado siempre presentes en la vida de los individuos, las familias y las comunidades. La naturaleza humana es biófila, aunque se encuentra sujeta a las poderosas fuerzas gravitacionales que corrompen a la materia. La muerte, en todo caso, ha sido para todos la experiencia más importante de la vida.




La idea del consumo ha envenenado el corazón de los seres humanos “modernos”. El creer que la vida es el espacio para poseer y comprar como fin supremo de la existencia. Que el “mundo material inmediato” es lo única realidad y que “el aquí y el ahora” es lo verdadero y lo que cuenta. Que no existe nada más allá de la limitada percepción material del “mundo”(7). Que el ser humano pasó de las cavernas al esclavismo, feudalismo, la monarquía, y que el capitalismo es la expresión más avanzada de la organización social. Los mercaderes ha través de “su historia oficial de la evolución del mundo”, han “universalizado” la historia oficial de Europa y la han extendido y hecho “verdad” para todos los pueblos del mundo. Han descrito a las milenarias y sabias formas de organización social de las seis civilizaciones Madre y demás pueblos del mundo como inhumanas, frívolas y abusivas, poniendo al Mercado y la “democracia partidista”, como la expresión más avanzada y “libertaria” de organización humana. Cuando ha sido totalmente al contrario. Nunca la humanidad ha vivido una dictadura imperial tan opresora, injusta y global como el capitalismo. La democracia partidista entendida como el gobierno de los dueños del dinero a través de los políticos para que a nombre de los pueblos sirvan a sus mezquinos intereses que siempre han atentado en contra del bien común, la humanidad y la naturaleza.




Los mercaderes por medio de la ciencia, tecnología y el capital le han amputado al ser humano el derecho al trabajo y lo han obsesionado en el consumo. Durante milenios enteros en todo el planeta, el ser humano podía a través de su inteligencia, habilidades y experiencia, podía encontrar el medio para satisfacer sus limitadas necesidades materiales. Su vinculación con la naturaleza en general fue respetuosa. Se tomaba de la naturaleza lo que se necesitaba y ésta podía recuperarse. Con la Revolución industrial (mitad del S. XVIII) la maquina empezó a desplazar la mano de obra y para nuestros días el obrero no requiere experiencia, aptitudes e inteligencia. Se han convertido en insignificantes y prescindibles apoyos de las maquinas y la producción en serie. El trabajador del S. XXI no tiene trabajo y en cambio tiene muchas cosas inútiles que comprar con “abonos chquitos”.




Pues bien, el objetivo de esta reflexión es analizar el concepto del “AUTOCONSUMO”, como una milenaria expresión de actitud ante el mundo y la vida, plena de sabiduría humana y dejar el limitado sentido económico-material que hoy se le da en el lenguaje de la ciencia económica. El autoconsumo es una ancestral expresión de vida, una interpretación y sentido, no solo del mundo sino fundamentalmente de la razón de la propia existencia humana. Partiendo de que “el ser humano no nació solo para consumir, sino que consume para vivir”. Y que la vida y el mundo material son solo un medio, y no un fin de la existencia. El autoconsumo esta sustentado en la sabiduría, la sobriedad, la austeridad y sobre todo, en la inteligencia. Vivir con lo esencial de carácter material para dedicar la mayor parte de la energía y del tiempo (individual y colectivo) en buscar y trabajar la trascendencia espiritual de la existencia.




El autoconsumo plantea que lo que se tiene o se puede producir es lo que se debe consumir. Lo que no se tiene y no existe no se consume. Que lo que existe o puede uno hacerlo existir, sin un exceso desmedido de gasto de energía y tiempo, es lo que se necesita. Salirse de esta línea es perder energía y tiempo para “forzar al mundo” a ser como a uno le ha enseñado la publicidad y los mercaderes que debe ser. Llamamos “el mundo” a lo que es material y por lo tanto “aparente”(8). En efecto, los verdadero y vital no se toca ni se ve, sólo se siente.




La filosofía del autoconsumo se sustenta en la inteligencia ancestral de carácter universal del ser humano. La frugalidad, la austeridad, la sencillez y la humildad son los valores y principios que sostienen la cultura del autoconsumo. Es entonces la inteligencia y la sabiduría lo que permite que los individuos y los pueblos logren normar sus tradiciones, usos y costumbres bajo estos preceptos de vida.




De manera contraria, los individuos y los pueblos ignorantes e incivilizados se caracterizan por fundamentar su vida en el orden material, en el consumo, la comodidad, la competencia, la violencia y la inmediatez. Esta clase de individuos y de pueblos, al no tener el sustento espiritual y un meta objetivo trascendente, encuentran en el consumo “su realización”, que finalmente los condena a la desolación y la desintegración.




Diferenciar “lo aparente de lo real” en el mundo y la vida, es el gran desafío de los seres humanos concientes. Las fuerzas de “la oscuridad” encarcelan al ser humano en el limitado espacio de la materia y la inmediatez. “Las sociedades modernas” fomentan y auspician, directa o indirectamente la enajenación y la ignorancia de sus pueblos. Atacan las antiguas religiones y alientan la creación de nuevas y estrambóticas sectas que fraccionan y enfrentan a la sociedad, creando individuos fanáticos, insensibles e individualistas.


      

La filosofía del autoconsumo sigue siendo una valiosa herramienta para enfrentar el mundo y la vida, aún en nuestros tiempos y en sociedades consumistas y urbanas. Esta filosofía le da fuerza y temple a nuestro “propósito abstracto de vida”. Nos invita a convertir este drama humano en un desafío y los desafíos no puedes ser buenos o malos grandes o pequeños, son simplemente desafíos.




En pleno siglo XXI y en medio de una gran metrópoli pude un ser humano conciente, implementar en la vida cotidiana la filosofía del autoconsumo. No se trata de ir a sembrar un huerto familiar en un camellón de una avenida o en masetas de la pequeña terraza del departamento. Se debe y se tiene que ser más creativo y desafiante.




Se trata en cambio de asumir conciente e inteligentemente el desafío de vivir en una sociedad que esta “prefabricada” para que la gente no piense, no sienta, no decida. El punto es enfrentar con valor y temple a la multimedia que cotidianamente envenena el corazón y embrutece la mente. Decirle NO a la radio y a la televisión comercial y tener el poder personal de ser selectivo e inflexible. De tener la fuerza interna para no ser “atrapado” por la publicidad, los aparadores, los centros comerciales y las amistades superficiales.




Saber qué es lo que no se quiere. Qué es lo que no es necesario y qué es lo indispensable. Ser mezquinos y avaros con nuestro tiempo y nuestra energía. No desperdiciarla con personas y objetos, superfluas e innecesarios. Enfocarse en “lo verdadero” y hacer a un lado lo aparente del “mundo material”. Invertir y esforzarse lo necesario para obtener lo básico indispensable y poder dedicarle el mayor tiempo posible y la mayor energía a las “cosas verdaderas” del mundo y la vida. Es creer en uno mismo, en lo más profundo y verdadero, en lo esencial.




Tener una filosofía de autoconsumo es auto definir las propias prioridades del mundo y la vida. Es buscar “el centro” y encontrar “el equilibrio” en lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos. Diferenciar “lo verdadero de lo aparente”, lo inmediato de lo trascendente”. Se tarta de vivir con inteligencia y sabiduría, con austeridad y sobriedad. Alejándose del “ruido del Mercado y el vocerío de los mercaderes”. Es aprender a dialogar con “el enemigo interior”. Es definir un proyecto de vida propio y tomar lo más indispensable del mundo material para construir una vida sólida y verdadera. Reconocerse a sí mismo en el espejo humeante de Tezcatlipoca. Esculpirse en la Batalla Florida un “rostro propio y un corazón verdadero”.





NOTAS.

 
1) Antes de la creación de E.U. no existían en el mundo países, solo reinos, imperios, federaciones, sultanatos, etc., pero no países como hoy los concebimos.

2) La Revolución Francesa fue alentada y financiada por la burguesía que quería derrocar a la monarquía para asumir el control político, económico, social y cultural, no solo de Francia, sino de Europa. Durante el siglo XIX las guerras entre “republicanos y monárquicos” cundió en el continente europeo y desencadenó las “independencias” de las colonias españolas en América.

3) La estrategia de los mercaderes es fragmentar y dividir a la sociedad. Es más fácil dominar a individuos aislados y doblegar los intereses del bien común, representado en grupos que ha su vez siempre están divididos y enfrenados entre sí. Por eso el concepto de PARTIDO POLÍTICO, justamente “parte y divide” a la sociedad frente a los intereses de los mercaderes y del Mercado.

4) “En el siglo V, el imperio romano se ha derrumbado bajo el empuje de los pueblos bárbaros. Uno de los efímeros reinos que surgen entre los restos de Roma se decan (cortado en el original) rico y el título de duque de Toulouse, se le casó con Auda Martel, hermana de Pipino el Breve. Quedaba así instaurado un estado judío libre en el sur de Francia, en la Provenza, que incluía las posesiones del reino franco en España. Un hijo de este heredero de David, carolingio a su vez por parte materna, fue enviado como embajador a Bagdad para reclamar cierto grado de soberanía sobre Jerusalén para el futuro emperador Carlomagno. Y en efecto, un patriarca, Zacarías, fue el portador de tal reconocimiento, llevando hasta el lejano reino franco una llave y un estandarte de la ciudad sagrada. Los reyes francos podían decirse ahora herederos de los monarcas de Jerusalén y erigirse, por tanto, en jefes de la Cristiandad. (Revista Año Cero. Francisco Javier Arries, Jose A. Campaña.)

5) La dinastía carolingia procuró unirse a la sangre del rey David de Judá y de Israel (971 a.C.) para legitimarse. Parece ser que lo consiguió mediante Makhir David (730-793), exilarca de Bagdad (Babilonia), cabeza y heredero de la Casa Real de David, que fue llamado a Francia por Pepín III, rey de los Francos, y le concedió el nombre de Teodorico I y los títulos de Duque de Toulouse, Conde de Narbona y Nasi (Príncipe judío) de Francia. Lo casó con Auda Martel, hija de Carlos Martel, hermana de Pepín III el Breve y tía de Carlomagno. Esta estirpe la recoge a través, entre otras, del conde Vifredo el Pilós. (Real Academia e Instituto de Estudios Occitanos/Sitio Oficial. http://sites.google.com/site/ realacademiaeinstituto/investigaciones)

6) Parientes de Cristo. Recientemente, el historiador Joaquín Javaloys ha ido más lejos, realizando un exhaustivo estudio para demostrar que las principales casas reales europeas están emparentadas con Makhir, y por tanto descienden del linaje davidiano.
A los carolingios les siguieron los Capeto, también emparentados con éstos y en quienes convergen tres ramas davídico-carolingias: los Capeto y sus continuadores, los Valois, son pues herederos directos de los carolingios, y por tanto de David. Pero también sus descendientes, que entroncan con las casas reales de Borgoña, Braganza, Austria, Borbón, Saboya, los Otones, Sasse-Wessex, Anjou-Plantagenet, Ivrea-Spoleto y Suabia-Hohenstaufen. Puede afirmarse que la sangre del rey David ha corrido por todas las casas reales que han gobernado Europa, y que lo sigue haciendo hoy.
Sin embargo, del linaje de Makhir surgió una rama de davidianos de religión israelita que sostuvo una guerra fratricida con la rama cristiana davidiana carolingia. El resultado fue que la rama judía ortodoxa fue exterminada. De hecho, el importante principado de Septimania ha sido relegado al olvido.
No hay que olvidar que en este fructífero, culto y tolerante reino del sur de Francia florecieron herejías como la cátara y surgieron gran cantidad de sociedades iniciáticas y cabalisticas. La cruzada contra los cátaros fue probablemente el golpe final asestado por generaciones de conspiradores interesados en hacer desaparecer del mapa todo vestigio de su ilustre pasado. Después, un extraño velo de silencio se ha generado en torno a la sangre davídica enraizada en el sur de Francia, convirtiéndola en un misterio que parece la base de las leyendas del Santo Grial (término que en lengua occitana se asemeja a Sangre Real).
La existencia de Makhir-Teodorico como jerarca de la casa de David es una evidencia histórica perpetuada en la monarquía española. Esta estirpe llegó a los reinos hispanos de la Reconquista. Alfonso II el Casto emparentó con ella al casarse con una nieta de Makhir-Teodorico. Y procesos similares de emparentamiento tuvieron los reyes de Navarra, de León, de Portugal, de Aragón y de Mallorca. También Fernán González, el primer conde independiente de Castilla, se unió a la Casa davídica por su matrimonio con Sancha de Navarra. Con los reyes católicos el mítico linaje judío encuentra unos monarcas españoles que ya responden al arquetipo de monarcas universales, con vocación de liderar, por derecho divino y herencia, a toda la Cristiandad; un proyecto que adquiere todavía mayor fuerza con las figuras de Carlos 1, el Emperador, y Felipe II. Juan G. Atienza subraya el hecho de que Felipe II tenía, entre sus múltiples títulos, el de "rey de Jerusalén", y que se identificaba a sí mismo y a su padre con los dos fundadores de este linaje. La analogía está expresada en la entrada de El Escorial, donde ambos monarcas bíblicos son representados en la misma posición en la que se encuentran las tumbas de los dos reyes españoles. (Revista Año Cero. Francisco Javier Arries, Jose A. Campaña. http://www.artrev.8k.com/0000000055.htm)

7) En esencia, “el mundo” es solamente un conglomerado de cargas energéticas que la razón, a través de la percepción, lo codifica como objetos sólidos. Pero la “materia” esta constituida de protones, electrones y núcleos que se encuentran en permanente y eterno movimiento.

8) Todo ser humano tiene la capacidad de percibir que lo único que puede trascender a la muerte, sí es que algo lo puede hacer, es indiscutiblemente lo más intangible que anida en el terreno del Espíritu. Las civilizaciones antiguas y sus religiones y “filosofías” casualmente en este punto se ponen totalmente de acuerdo. Es por ello que todas señalan que el mundo material es una “apariencia”, que lo “verdadero” del ser humano es lo que trasciende. 





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