El Catafracto

El Catafracto

domingo, 1 de mayo de 2011

La Universidad convertida en empresa


“La verdadera universidad de hoy en día es una colección de libros.”
                                                                                                       Thomas Carlyle



El sistema educacional de las universidades y como están orientadas hacia la productividad del mercado

En el consejo social de la Universidad Autónoma de Barcelona, estaba hasta hace un tiempo, el señor Joan Oliu, máximo dueño del Banco de Sabadell, uno de los banqueros más importantes. Su teoría era que toda institución tiene sus costes y debe aspirar a un rendimiento. No hablaba de educación, sino de “rendimiento”.


¿La Universidad convertida en empresa?

En Estados Unidos hace tiempo que esto ocurre así. Y para evitar dudas, el presidente de la Conferencia de Rectores de Universidades Europeas, José M. Bricall (quién fue rector de la Universidad de Barcelona desde 1986 hasta 1994), declara que la Universidad debe convertirse en un holding, una empresa orientada al mercado.

Sobre esto, cabe añadir que las escuelas privadas ya actúan para atraer clientes de forma similar a una empresa que prepara para un buen trabajo. Nunca se verán anuncios de colegios privados indicando que quién allí vaya, saldrá con una correcta educación personal, una buena educación física o con un dominio de la cultura básica. No; lo que se ofrece es una total preparación en herramientas idóneas para el mercado (idiomas, informática, economía, etc). Y atraídos por ese mercado, ahí van los hijos de quienes pueden pagarlo.

En una palabra, se ha eliminado de forma intencionada toda educación que tenga como objetivo la persona, para ir una mera educación mercantil utilista. Eso da como resultado una competitividad mayor en el mercado del trabajo, más rendimiento y menos coste, a cambio de un derrumbe masivo de la persona, pérdida del sentido cultural, ético y de valía humana.

Temas como la educación física han quedado destruidos hasta la raíz. Fomentar el espíritu comunitario o el amor a la naturaleza ya ni se plantean, y si se da alguna formación moral, es absolutamente sesgada y sectaria.

En Estados Unidos la educación ya se ha convertido hace años en un absoluto negocio, en una empresa más, sin ningún sentido de educación nacional ni de esfuerzo estatal por educar a la juventud. La verdadera educación está en manos de empresas educacionales de pago, de diverso nivel (de precio y calidad), donde se trabaja en base al rendimiento como norma.




Los bancos dan créditos para que puedas estudiar (pues el coste de una carrera es enorme en los centros de más prestigio), y después devuelves ese dinero cuando trabajas. Educarse se convierte en un negocio, y la escuela en una empresa.
Es muy probable que la degradación de la educación pública alcance el nivel absoluto en los próximos años.

Lamentablemente, la igualdad de oportunidades no es la misma para todos. Todos deben poder acceder a la mejor educación, si lo merecen y lo ganan con su capacidad y esfuerzo. Ni todos tontos ni solo educación de calidad para los ricos que la paguen.


La mafia de los psico-educadores
“Siempre hay sanguijuelas que se aprovechan de la estupidez humana”

Mediante el sistema de control, denominado “psicología educativa”, el sistema aplica la estupidez igualitaria, impidiendo que el sentido común se imponga sobre la ley insensata.

Los temas de educación y disciplina quedan en manos de los comités psicopedagógicos que imponen ideas utópicas de forma que aquello que con sentido común se arreglaría, con sus teorías de laboratorio, se complica hasta el infinito.
La solución que esa gente da, siempre se basa en este fundamento:
-          Rebajar el nivel para que nadie se sienta discriminado

Para el sistema, valorar las diferencias significa que aquellos chicos con problemas de inteligencia, voluntad y conducta, deben ser valorados de forma más positiva, de manera que alcancen el grado de aprobación que los demás.

Lo más jocoso, es que esto sólo se logra hasta que acaban la educación básica, para luego lanzarlos al mercado, que los tratara a todos, no según su capacidad ni su igualdad teórica, sino según su dinero.



La cultura clásica como enemiga del sistema

El contenido utilista de la educación aumenta mes a mes, plan tras plan, mientras hacen desaparecer todo aquello que tiene un contenido humanista, que recuerde a la identidad cultural, su esencia humana, etc.

El progresivo desprecio por lo que el progresismo llama “canon occidental”, está llegando a proporciones inauditas. Prohíben leer a los clásicos mientras hacen leer autentica basura escrita. Los textos recomendados son cada día más decadentes. Sexismo, neurosis, problemas mentales, actitudes pútridas, un mundo de clientes del submundo del psicoanalismo freudiano en todos los sitios.

La eliminación del latín es un mero ejemplo, constatado también por la minusvalía de la filosofía, de la historia del arte o la literatura cultural. El latín ha sido sistemáticamente atacado por inútil. Y claro que lo es si se lo pone al mercado como objetivo de la educación. El latín, tenía como objetivo integrar al joven con su origen cultural y lingüístico. De Grecia y del latín proviene nuestra cultura; su conocimiento básico era una forma de aprender a respetar la propia identidad. La lectura sobre los griegos era antes una formación fundamental, no por su utilidad, sino por su calidad humana.
Pero claro, que le dirá este tipo de educación a quién solo busca un puesto en el mercado laboral.

La cultura clásica, cuna de invalorables conocimientos



Por eso en algunos colegios se ha sustituido la lectura de los clásicos para leer letras de canciones de moda buscando que interese a una minoría de cretinos que jamás tendrían interés en leer a Calderón u Homero.

Es evidente que antes se había caído en un sistema educativo enciclopedista, que primaba conocimientos de memoria, masivos y poco amigables. Pero ahora se ha ido a algo mucho peor: a eliminar el conocimiento de la propia identidad cultural como pueblo, exterminar la cultura, para primar los conocimientos útiles para el mercado.

Esto es especialmente grave en la educación básica, pero alcanza de forma total a la Universidad. Cada día es más ridícula la palabra Universidad. Ahora salen técnicos universitarios que apenas saben nada, fuera de sus tecnologías concretas en su preparación. No tienen nada de universalidad en cuanto a conocimientos de categoría cultural o humana. Gran cantidad de universitarios son totalmente analfabetos fuera de tema profesional.

La base de todo este tema es que el Estado no impone la supremacía de la educación sobre el mercado, o sea de la calidad frente al utilismo, del hombre frente al profesional.
Y no lo hace, simplemente porque el Estado ha dimitido; es parte del mercado, esta a su servicio. La política esta sujeta a dominio del mercado económico financiero.



Derechos humanos y los niños reyes
“Tener derechos sin cumplir deberes; esta es la trampa para maleducar a una generación entera”

Hay una declaración de derechos humanos, pero no una de deberes humanos previos para poder ser objeto de esos derechos.
Y estos derechos los escriben en grandes letras democráticas y los enseñan a los niños desde pequeños, para después reducirlos a nada, mediante la trampa de que los derechos humanos tienen un limite: tener dinero para disfrutarlos.

Tenemos derecho a vivienda digna y a trabajo, a ser respetados y atención medica, a un retiro digno, a lo que quieras, siempre y cuando puedas pagártelo. Si no te lo pagas, serás un pobre vagabundo con “derecho” a morirte de hambre dignamente en la calle pidiendo limosna.

Pero lo peor de todo es que si eres un violador o un estafador, entonces sigues teniendo derecho a todo sin haber cumplido ningún deber.

Esto en la educación ha llevado a una situación límite realmente jocosa. Los niños son totems que no pueden ser reprimidos en modo alguno, tienen derecho a todo y además no tienen culpa de nada. La culpa es siempre de la sociedad, nunca del niño. Estos tipos de niños hacen que el ambiente de las escuelas públicas pueda ser absolutamente enrarecido, con incapacidad total del profesorado en atajar la violencia o mala educación.

En Francia, la situación es tan brutal que los colegios públicos piden protección de una policía especial para protección de zonas marcadas como guerra de bandas.






Pero no hace falta ir a casos extremos para ver la estupidez del sistema. Basta que un chico muestre una conducta mala, para fastidiar a toda una clase, pues no hay medios para atajar esa conducta. De esta manera, el niño rey es inatacable. Un chico que escupa a su profesor será llevado ante su director, que le dará un sano discurso y recomendaciones, y a lo sumo lo enviara a su casa una semana para que luego pueda volver a escupir otra vez. Un grupo de unos diez chicos con una clara mala educación pueden llegar a arruinar a un colegio público entero.

Y siempre he hablado de los colegios públicos, ya que los privados tienen la solución de expulsarlos y enviarlos al colegio público de turno, de donde no pueden ser expulsados. Es muy recomendable el dialogo y la atención con cariño, las buenas formas y el intento de hacerse entender, pero eso no está reñido con atajar de forma radical posiciones extremas de mala conducta e incluso delictivas.

El sistema educativo moderno cree que las personas nacen todas buenas e iguales, siendo luego deformadas por la sociedad en la que conviven. Por tanto se considera que el niño no es culpable de nada por si mismo. Esto es mentira, totalmente claro. Hay conductas malas que no se deben a la culpa de nadie, sino del propio niño, y hay situaciones de mala educación provocadas por el ambiente familiar, hay de todo, y cada caso debe solucionarse adecuadamente, sin usar una violencia gratuita, pero sin caer en la utopía del niño rey.

La psicología, fiel sirviente del Mercado, ha provocado la idea que con solo el dialogo del psicólogo de turno, el niño rey podrá ser reconducido por el buen camino. El mercado sonríe; los ricos pueden llevar a sus hijos a escuelas privadas orientadas a crear ejecutivos agresivos y dóciles al Mercado, y los pobres perderán todo sentido de dignidad y esfuerzo entre la mala educación; pues serán luego presa fácil de la única autoridad que se impone: la del dinero. Intenta ser mal educado en la empresa y veras como no llamaran al psicólogo ni tendrán esa comprensión dialogante de la escuela: simplemente te despedirán sin contemplaciones.



La educación como reflejo de la sociedad

Para tratar el tema de la educación es preciso antes que nada partir de una serie de bases fundamentales. Y básicamente la pregunta es ¿Para que?. Pues el resto de los problemas educacionales se justifican o no en base a la respuesta de esta pregunta previa.

Y es que la educación es ante todo una acción política de la clase dirigente, no es una actividad neutra sino una acción política radical de los que dominan el poder. Es así siempre, y además es lógico que así sea.



La educación actual es el fiel reflejo de esta sociedad
decadente, idiotizada con la basura de los medios




Debemos saber que el poder es hipócrita y trata de ocultarse bajo el disfraz de la libertad, de forma que intenta hacer creer que el sistema educativo es algo neutro, cuando en modo alguno, y menos que nunca ahora, es así.

La educación actual es un reflejo del poder mercantil del dinero y de la mentalidad progresista que forma el substrato intelectual del Mercado Usurario.


La educación como voluntad política
“Hoy en día no hay libertad sino libremercado. El poder financiero es el que marca la libertad que puede darse sin peligro para su dictadura.”

Lo primero que hay que entender perfectamente es que el sistema de educación SIEMPRE es reflejo de una voluntad política. No hay educación neutral no tiene sentido siquiera esa pretendida neutralidad.

Actualmente se define “Educar es dar unas normas de control cultural que permiten a la persona adaptarse a la sociedad en su vida posterior”. De alguna forma al educar, estamos marcando los valores que desea esa sociedad que se tengan en la futura vida social del educado. Valores que le permitirán luego evaluar la realidad exterior, y por tanto de alguna forma, educar es transmitir valores.

Aquí estamos en el núcleo del tema: Educar es SIEMPRE un problema de valores. Los vicios de una sociedad son los de su escuela, es impensable pues creer en una educación distinta a la que imponen los valores de la sociedad del momento. Pues si existe otra educación chocara inevitablemente con los poderes políticos de la sociedad imperante.

Por eso no hay actualmente ninguna escuela fascista, ni troskista o comunista radical en la sociedad progresista y liberal. Se acepta a veces que se organice un partido (no siempre, y solo en algunos países) pero no que se forme una escuela que difunda valores distintos de los ordenados por la ley, por su plan de estudios, que define los valores que deben enseñarse, y prohíbe cualquier desvió, por mucha democracia que se pretenda hacer creer. Un profesor que exponga ideas no correctas es despedido fulminantemente. No existe eso que se llama libertad de cátedra cuando lo que se propaga es algo distinto a los valores esenciales del sistema de Mercado.

No hay alternativa a la mala educación actual, pues lo que es malo, es el origen de la educación, es el sistema de valores  y el poder político que imponen esa educación, los valores mercantilistas y materialistas que dominan el mundo, el progresismo mercantilista actual.

El sistema liberal además de nefasto, es hipócrita. Este análisis del problema educativo trata de poner de manifiesto la esencia dictatorial e impositiva del sistema educativo, y demostrar como lo que se llama “democracia y liberalismo” no es más que una tiranía de los valores mercantilistas, impuestos contranatura por la fuerza y la dictadura.

El Mercado funciona porque todos asumen el beneficio, la búsqueda del mayor placer, la utilidad máxima y el coste mínimo son las reglas de oro que deben seguirse. Para servir correctamente al Mercado, la juventud debe buscar “ser útil al beneficio” y buscar “el mayor placer o bienestar propio”. Todo el sistema educativo moderno va orientado a prepararse para ser útil al mercado.


¿Quién educa?
“La familia educa por amor, los profesionales de la enseñanza por dinero. Por eso el Sistema desea eliminar a la familia”.

Otro de los grandes errores del movimiento alternativo universitario de los años 70 era pensar que la revolución educativa era un tema de la escuela y la universidad.

La educación se basa en tres grandes pilares:
  • La Famila
  • El entorno social
  • La escuela

El sistema mercantilista sabe que puede dominar mediante el dinero (su arma de poder), los dos segundos pilares, así que su mayor trabajo en el tema educativo ha sido eliminar lo más posible la influencia de la familia. Y aunque parezca mentira, actualmente la mayor fuerza educativa no está en la escuela, sino en el entorno social.

Los medios de difusión, los amigos y el ambiente social, son sin duda los grandes “educadores” del mundo moderno, y los que más se fomentan como instrumentos de influencia por parte del poder. La razón es obvia: en un Sistema de Mercado los medios “sociales” de influencia son “empresas”, y como tales se ajustan a las leyes mercantiles. O sea los medios de difusión son instrumentos dominados absolutamente por el Mercado al ser “empresas de difusión de propaganda”.

Y por otra parte los agentes sociales, son personas importantes, artistas de cine, famosos, etc. Son elegidos y seleccionados por la prensa y los medios de masas, de forma que el ambiente general de una sociedad es a la postre un producto de esa misma fuerza económica.

Nunca hasta nuestros días, las masas habían tenido como “modelos” de conducta a cantantes de “cancionetas baratas” o “actorzuelos”, pero actualmente las elites financieras han impuesto como “modelos” a gente de la farándula, a lo más bajo de la calidad humana.

Las amistades, realmente muy influyentes, son un instrumento que “retarda la aparición de cambios en el entorno social”. Eso se debe a que cuando la empresa y los medios directores del entorno social marcan el camino, influyen a favor de una tendencia nueva, hay un periodo de tiempo en el cual pese a que la clase dirigente, en este caso la oligarquía financiera, fuerza el cambio y da ejemplo de las nuevas “tendencias”, hay aún un “ambiente” entre los amigos y la gente conocida que no refleja ese cambio. Solo cuando tras algún tiempo los cambios “sociales” ya se hayan impregnado a una cantidad importante de gente, el “amigo” se convierte en un elemento más que fuerza la nueva “tendencia”, pues aquellos que se resistan a ella quedarán “fuera de onda” con sus amigos, y serán considerados como “pocos amigables” por el ambiente.

Las nuevas tendencias: “Si no seguís este
camino, no existís”


La escuela era en los años 60 un instrumento más complejo de dominar, al ser en esos años un instrumento “estatal” dominado por un profesorado funcionarial independiente  y por los colegios de la iglesia.

Por ello la mayor reforma educativa de la democracia ha sido convertir la escuela en “empresa”, eliminando su carácter “nacional y estatal”, incluso en la escuela pública, de igual forma que la Banca pública actual se comporta como un banco privado de propiedad pública.

Lo que importaba es eliminar el carácter de educación popular, estatal, dirigida y controlada por un objetivo político puro, pues la “política pura” del Sistema actual es el Mercado, o sea eliminar “lo político” y ponerlo al servicio de lo económico. Por ello las escuelas, como los periódicos o las televisiones, deben convertirse en “empresas” para ser dóciles al Mercado.

La familia es sin dudas el enemigo principal del Sistema. No es “comprable”, no es asimilable a una  empresa, no se basa en el interés, sino en el amor.
La familia es un pésimo negocio, nadie monta una familia por interés ni para enriquecerse. Tener hijos no es rentable. El amor y el desinterés personal es evidente en una familia.

Incluso cuando los padres están imbuidos de la mentalidad mercantilista, de forma inconsciente, su influencia en los hijos tiene un componente “natural”, no estupidizada, producto directo del amor y el desinterés.
La familia es pues, un enemigo irreconciliable de los manejos usurarios y mercantilistas. La familia debe ser destruida desde su raíz, y está es la etapa actual de lucha del Sistema. No lo ha conseguido del todo, pero está plantando las bases de su destrucción.

La primera andanada contra la familia es destruir su “tiempo familiar”, reducir hasta la nulidad el tiempo que los padres y abuelos tienen y dedican a sus hijos. El trabajo de ambos cónyuges y la intrusión de la televisión como “guardería infantil dentro de la casa” son las armas fundamentales que hacen posible que unos padres actuales dediquen una centésima parte del tiempo que antes se dedicaba a los hijos.


El instrumento más perfecto de adoctrinamiento
y estupidización masiva


La progresiva individualización hace además que los abuelos y resto de la familia se considere “extraña”, perdiéndose en gran parte la concepción global familiar, de forma que el “ambiente familiar” se reduce al hogar paterno, y solo a poco tiempo diario.

Este paso ya está dado con total éxito por parte del Sistema. La influencia de la familia en la educación ha disminuido de forma absoluta con esa pérdida de tiempo dedicado.

La segunda andanada es la falta de autoridad moral, de “voluntad educativa” que trata de imponerse a los padres, de forma que los padres se les considere “no adecuados” para la educación, y se fomente que está recaiga en elementos externos a la familia. Se pretende
limitar la capacidad educativa de los padres mediante una concepción “profesional” de la educación, influyendo en limitar la potestad paterna de educar, su autoridad y el valor de esa educación natural.

Y el tercer bloque de ataque es el que pretende destruir la base misma de la familia mediante la vulgarización del divorcio y las separaciones, la destrucción de la unidad familiar y la equiparación de la familia como una “mera unión circunstancial”. Eliminar el compromiso de vida en común y de “labor colectiva” de sus miembros, para reducir todo a una convivencia en búsqueda del placer y la conveniencia.

En realidad el Mercado desea convertir a la familia en una mera “reproductora de hijos” que luego dejan en manos de “profesionales”, para dedicarse cada parte del matrimonio a su “felicidad personal”, y a trabajar lo más posible en pos del dinero.

Lo grave no es que las madres trabajen, lo grave es que PREFIEREN trabajar que ha cuidar de sus hijos. Consideran su trabajo asalariado la fuente de su realización, y los hijos un mero pasatiempos, un deber que fastidia pero que se hace, de forma que se invierte el valor natural de las cosas. Se trabaja porque se desea. Se cuida a los hijos porque no queda más remedio.

De todo esto sale la conclusión de que la juventud cada día cae más bajo la responsabilidad de “profesionales”. Profesionales de la comunicación de los medios de masas, profesionales de las escuelas. Y los “profesionales” están bajo el mando del Mercado, pues la profesión no es más que trabajar para alguien que da un dinero, es una empresa y como tal depende del Mercado.


El descalabro educativo
“Ya sería mucho si en nuestro tiempo alguien se acordase de la palabra mierda”    L. F. Celine

Todo el sistema de valores se descalabró entre los años 60 y 70, y la educación no iba a ser menos.
Y la locura se instauró, como método de ruptura con la naturalidad. Lo mismo pasó con el arte o con la economía, exactamente de la misma forma, producto de un plan perfectamente llevado a cabo para destruir la base natural y racional de la vida.


Estas porquerías denominadas “arte”, son propias
de una criatura de dos años que empieza hacer
sus primeros garabatos


En esos años se efectuaron exposiciones a base de “calzoncillos cagados” puestos en un marco; si los críticos de arte aplaudían que un “pianista” efectuase un “concierto” con una maza dando golpes sobre un piano, si los economistas planificaron que la deuda pública y externa pasase de casi cero a miles de millones de dólares sin que nadie se escandalizase, no podría ser menos la educación; En Italia se obligaba a los profesores a escuchar “clases” dadas por sus alumnos, los educadores marxistas occidentales establecían que el “orgasmo” es la base de la educación revolucionaria y establecían clases de sexo a base de enseñar a masturbarse a chicos y a chicas. Mao puso en marcha una revolución educativa a base de que los alumnos golpeaban a sus profesores y los hacían pasear por las calles con gorros repletos de insultos a la autoridad.

Durante esos años se implantó en los medios dirigentes liberales y marxistas la idea de una educación anarquista, que destruyese todo tipo de autoridad y de naturalidad, destruyese toda cultura occidental clásica y se enfrentase a la vida natural familiar.

El resultado de todos esos años de descalabro en todos los aspectos fue el deseado; la perdida del sentido y equilibrio entre la gente. Las familias se imbuyeron de la idea de que “todo era posible”, las locuras más absolutas eran aplaudidas y mostradas como ejemplos y como “progreso”, de forma que perdieron la capacidad de juicio propio, y se empezaron a imbuir de una idea fundamental para el éxito del Sistema: el arte, la educación y la economía son temas muy complicados que hay que dejar en manos de los especialistas, los demás “no entendemos” y somos unos ignorantes. En una palabra, eliminar “el sentido común” y sustituirlo por la “opinión de expertos”. Expertos que por supuesto serán comprados a buen precio por el Sistema, y que además son seleccionados entre auténticos cretinos y neuróticos.


En nuestro país, también hemos tenido grandes exponentes
de lo absurdo y el arte “basura”


Instituto Di Tella, celebre en los 60 acá en Argentina.
Bastión de la mamarrachada cultural


Una pleyade de psicoanalistas y de frustrados aprendieron a escribir las chorradas más inusitadas para aplaudir las medidas absurdas que se proponían en educación o considerar geniales un montón de latas de cervezas viejas como obra de arte.

Es importante aprender que esas locuras fueron apoyadas sobretodo por el marxismo occidental, pero aceptadas de buen grado, y financiadas por la derecha financiera.

Tras unos años de neurosis, tras convertir las Universidades en manicomios y obligar a que se enseñasen las burradas más increíbles, tanto en temas sexistas como en artísticos, tras descalabrar todo sentido de autoridad y de respeto, la propia anarquía se autodestruyo, y de esa oruga salió la “mariposa” que era su sucesora lógica: “el progresismo capitalista educativo” actual.


miércoles, 27 de abril de 2011

Jose Larralde: Su musica en videos

    Vuelvo a publicar nuevamente la musica del trovador de mi tierra, Don Jose Larralde, ya que observe gran cantidad de gente que ha escuchado y visualizado sus grandes temas en mi blog. Larralde es un caso especial en mi país, ya que muy poca gente valora sus grandes obras. Sera que decir ciertas verdades incomoda, o mucha gente gusta de seguir su vida comoda y con todas sus distracciones ¿quién sabe? ¿no?.

Para los que lo valoramos y amamos su música y nuestra querida tierra, aquí van los videos. Dedicado especialmente a todos aquellos argentinos que están lejos de su tierra natal y que deben emocionarse al escuchar tan bellas interpretaciones


Quién me enseño





De los pagos del tiempo





Sobre mi sombra




Y casi vendo el caballo




Elogio de la soledad





Soneto 16

martes, 26 de abril de 2011

La Neolengua, la prensa y la vulgarización del lenguaje


La neolengua de Orwell en la prensa actual


"Es una lengua sin luz ni temperatura, sin evidencia y sin calor de alma, una lengua triste que avanza a tientas. Los vocablos parecen viejas monedas de cobre, mugrientas y sin rotundidad, como hartas de rodar por tabernas mediterráneas. ¡Qué vidas evacuadas de sí mismas, desoladas, condenadas a eterna cotidianidad, se adivinan tras este seco artefacto lingüístico!"

ORTEGA Y GASSET



Este es, a grandes rasgos, el destino que la Historia ha prefijado para los distintos idiomas occidentales -entre ellos, obviamente, el español- en los próximos siglos. El fenómeno de la decadencia del lenguaje es ya una realidad que muy pocos intelectuales pueden rebatir. Claro está, como señala acertadamente Ortega, que semejante desfallecimiento precede a otro de mayor relevancia: la decadencia espiritual de toda una cultura.


Por sorprendente que parezca, la cita que encabeza este artículo no se refiere a la lengua contemporánea del filósofo español, sino que hace alusión al lamentable estado del latín durante la época del Bajo Imperio romano. "Los hombre se han vuelto estúpidos", relata Ortega al describirla realidad de una sociedad que, a su juicio, caminaba hacia "una pavorosa homogeneidad". ¿No es esta la situación que se nos declara cuando fijamos nuestra atención en los jóvenes de hoy? El lenguaje cotidiano se simplifica cada vez más, y ello a causa de que lo que se quiere decir es de cada vez más simple, más tosco, más primitivo. "La sabrosa complejidad indoeuropea (el latín clásico), que conservaba el lenguaje de las clases superiores, quedó suplantada por un habla plebeya, de mecanismo muy fácil, pero a la vez, o por lo mismo, pesadamente mecánico, como material..." No es de extrañar, pues, que recientes estudios sobre el nivel expresivo y gramatical de jóvenes estudiantes de E.S.O., han arrojado unos resultados que ponen en evidencia, no sólo la ineficacia del sistema de enseñanza vigente, sino sobre todo la aterradora ausencia de inquietudes emocionales por parte de quienes han de tomar las riendas del futuro.

Nosotros, herederos de lo que en su día se llamó "Ilustración", contemplamos con espanto cómo todas y cada una de las formas cultas que animaban la vitalidad europea hace a penas un siglo, se descomponen y volatilizan sin que nadie asuma la responsabilidad de su conservación. El estado actual de la lengua sólo es una ramificación más de una enfermedad que, día tras día, amenaza con alcanzar proporciones gigantescas: el imperio de las masas. Ortega, por su parte, concluye de este modo su brillante exposición historiológica:

"El latín vulgar está ahí en los archivos, como un escalofriante petrefacto, testimonio de que una vez la historia agonizó bajo el imperio de la vulgaridad por haber desaparecido la fértil variedad de situaciones"

Ahora bien, ¿Quien es el agente que provoca esa terrible homogeneización? Es el espíritu de la urbe mundial, que se expande atomizando y desarraigando a los individuos hasta transformarlos en masa.



La Neolengua ¿Una realidad profetizada?

Cuando George Orwell escribió poco antes de morir su novela 1984 probablemente desconocía que, más de medio de siglo después, muchos aspectos de esa sociedad futura que plasmaba en su libro iban a guardar una semejanza con la realidad cuanto menos curiosa.

La intención de este escritor, como es sabido, era advertir de forma explícita, y recurriendo a la ficción, del peligro comunista y de las consecuencias que este régimen tendría en caso de extenderse más allá de las fronteras de Europa oriental. El pasado marxista del autor y su experiencia en la Guerra Civil española, donde fue testigo directo del férreo control que las
autoridades soviéticas y los comunistas españoles hicieron de parte del territorio republicano, explican su rechazo a los sistemas comunistas cuando gran parte de los intelectuales de izquierdas occidentales se aferraban a él como referente de sus líneas ideológicas.

Libros como 1984, Un Mundo feliz, de Aldous Huxley o Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, son ejemplos más que probados de cómo la imaginación se adelanta a los acontecimientos y de cómo estas historias se adentran en el campo de la sociología de una forma evidente. Y si la ciencia imaginada en la mente de Julio Verne tuvo una plasmación casi milimétrica de sus aventuras en la vida real, qué menos que reconocer que la mente de Orwell adelantó en 1984 algunos aspectos de gran parte de la sociedad occidental y, sin duda, de algunos regímenes políticos que han ocupado el poder a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y, por desgracia, de parte de este comienzo del XXI.


El idioma que imagina Orwell en su 1984 es explicado por el mismo autor al término de la novela: "Era la lengua oficial de Oceanía y fue creada para solucionar las necesidades ideológicas del Ingsoc o Socialismo Inglés".

Ya con esta primera aproximación aparecen los dos elementos de este idioma orwelliano: el concepto de "lengua oficial" deja de manifiesto que, ante todo, éste es un instrumento de comunicación al igual que cualquier idioma que se recoja como oficial en cualquier estado. Sin embargo, es en el segundo elemento, que hace referencia a la necesidad de satisfacer "necesidades ideológicas" donde se muestra un concepto novedoso. De esta forma, Orwell descubre que a través del lenguaje se expanden conceptos ideológicos que están necesariamente vinculados a una carga subjetiva y que en ocasiones son radicalmente opuestos al significado original de la palabra o frase en cuestión. El objetivo, según explica el propio autor, va más allá de crear un medio de expresión y se adentra en la ideología. Así, con esta lengua, cualquier "pensamiento divergente de los principios del Ingsoc, fuera literalmente impensable, o por lo menos en tanto que el pensamiento depende de las palabras".

Su vocabulario estaba constituido de tal modo que diera la expresión exacta y a menudo de un modo muy sutil a cada significado que un miembro del partido quisiera expresar, excluyendo todos los demás sentidos, así como la posibilidad de llegar a otros sentidos por métodos indirectos. Esto se conseguía inventando nuevas palabras y desvistiendo a las palabras restantes de cualquier significado heterodoxo, y a ser posible de cualquier significado secundario. [...] La finalidad de la neolengua no era aumentar, sino disminuir el área de pensamiento, objetivo que podía conseguirse reduciendo el número de palabras al mínimo posible.

Esta explicación la completa Orwell más tarde, en un mismo apéndice a su libro, donde el escritor se explaya en explicar el vocabulario que compone esta lengua, clasificándolo en tres clases:

A: Palabras de uso cotidiano y que sólo expresan pensamientos simples y objetivos.
B: Palabras que habían sido construidas deliberadamente con propósitos políticos.
C: Vocabulario que era complementario de los otros dos y contenía totalmente términos científicos y técnicos.


Toda esta amplia información acompaña la novela de Orwell, como una tesina posterior o intento de ensayo que tiene gran interés para alguien que se dedica al mundo de la comunicación. No podemos olvidar que el escritor británico y nacido en India había trabajado para el periódico The Observer y para la BBC, con lo que este especial interés por la neolengua y la extensa explicación que hace de ella demuestra que pretende hacer algo más que una mera aproximación de algo que sucede en la novela. Su experiencia como periodista es un hecho que añade especial valor a su tesis sobre la neolengua y por el que nos parece de vital importancia acercarnos a una obra que esconde continuas referencias al uso que el poder hace del lenguaje y, en concreto, al propagandístico papel que desempeñan los medios.




El lenguaje de los medios

Un primer acercamiento a la realidad de los medios de comunicación nos revelerá de inmediato la importancia que tienen para informar a todos y cada uno de los individuos de los acontecimientos que suceden en el mundo y a los que sus habitantes no pueden acceder de forma directa, por lo que es necesario un intermediario que acerque a la población la realidad que no está a su alcance.

Sin embargo, más allá de esa primera aproximación, descubrimos que existe un papel educador y formador que ejercen los medios y que, pese a que pueda pasar desapercibido, resulta de gran trascendencia en el desarrollo y conformación de una sociedad, lo que ha provocado, además, que los medios entren a formar parte junto a estados, organizaciones internacionales o multinacionales de lo que podemos calificar como el establishment.

Este papel, que en principio debería ejercerse con la máxima responsabilidad, es utilizado en multitud de ocasiones para promover y atraer a la sociedad hacia unas concretas posturas que, más que formar o educar, posicionan a favor o en contra de determinados actores o ideas en cualquiera de los planos de la realidad mundial. La propia limitación del individuo, que no puede informarse directamente de la realidad y que en raras ocasiones contrasta o profundiza en la información recibida, acrecienta aún más el protagonismo que ejerce los medios de comunicación para definir la sociedad y, en última instancia, para marcar sus líneas de pensamiento y actuación.





La manipulación mental de los medios de comunicación, y de todo el sistema en general, ha sido ya advertido por numerosos expertos y pocos ponen en duda hoy que los "los actores sociales con poder, además de controlar la acción comunicativa también hacen lo propio con el pensamiento de sus receptores" (Van Dijk, 2003: 21). El investigador holandés, no contento con esta afirmación, intenta esclarecer el modo concreto en el que los medios de comunicación logran dirigir el pensamiento de los receptores. Con ese fin, van Dijk ha utilizado el Análisis crítico del discurso (ACD) para estudiar las relaciones de poder, dominación y desigualdad mediante un esfuerzo por descubrir, revelar o divulgar aquello que es implícito, que está escondido o que por algún motivo no es inmediatamente obvio en las relaciones de dominación discursivas o en sus ideologías subyacentes.

Dado que el discurso es una forma de acción, este control también se puede ejercer sobre el discurso y sus propiedades: el contexto, tópico o estilo. Y puesto que el discurso influye en la mente de los receptores, los grupos poderosos también pueden controlar indirectamente (por ejemplo, con los medios de comunicación) la mente de otras personas. (Van Dijk, 2003:120)

Y obviamente, cuando se hace referencia al discurso, no se puede pasar por alto el elemento en el cual se sustenta: el lenguaje. La prueba de su importancia se evidencia en la continua pugna lingüística, que va más allá de la mera clasificación terminológica de sujetos o acontecimientos para adentrarse en la formación de una opinión pública sobre cualquier suceso.


Hoy por hoy, no queda bien decir ciertas cosas en presencia de la opinión pública: el capitalismo luce el nombre artístico de economía de mercado; el imperialismo se llama globalización; las víctimas del imperialismo se llaman países en vías de desarrollo, que es como llamar niños a los enanos; el oportunismo se llama pragmatismo, la traición se llama realismo; los pobres se llaman carentes, o carenciados, o personas de escasos recursos; la expulsión de los niños pobres por el sistema educativos se conoce bajo el nombre de deserción escolar; el derecho del patrón a despedir al obrero sin indemnización ni explicación se llama flexibilización del mercado laboral..

Estos autores, de ficciones muy reales, no hacen más que confirmar lo que Orwell apuntó en una ciencia ficción que tiene una representación bien definida en el mundo actual. Una realidad que nosotros estudiamos a través de los medios de comunicación y en los que, por lo tanto, hallamos la función que desempeña el lenguaje para modelar un sociedad que no admite ser controlada de forma explícita y violenta pero que, sin embargo, es víctima de numerosos controles.

Ahora no existe teóricamente un partido único, sin embargo, el mundo y nuestra percepción de éste nos pone de frente ante una realidad que está cada vez más globalizada, con noticias cada vez más uniformes, con medios de comunicación conglomerados en grandes emporios empresariales y con una sociedad cada vez más apática y reticente a buscar su propio criterio y que opta por repetir modelos mayoritarios.

No es descabellado entonces hacer una semejanza entre este mundo globalizado y el que imagina Orwell, pese a que en 1984 el ambiente opresivo es palpable, a diferencia de la generalidad de los países occidentales, cuya población, en su estrato medio, no está sometida de forma directa o violenta a este control.

Hoy sabemos que el ciudadano medio no permite un control directo y opresivo como el que se respira en 1984, aunque los privilegiados de este mundo son ahora víctimas conscientes o inconscientes, en la gran mayoría de los casos, de un método mucho más sutil y que, como expresaba van Dijk, sólo necesita recurrir a discursos: palabras y frases que nos recuerdan que la neolengua de Orwell está presente en la sociedad actual. La cercanía es tal que se puede tomar como propia la afirmación de Chomsky y que, curiosamente, recuerda el trabajo del autor inglés y lo sitúa sin dudarlo en la época actual.






El Gran Hermano inmenso y aún creciente, virtual, de los medios de comunicación (por no hablar de los actuales "centros de espionaje", tan buscados) deja en ridículo al bolchevique, muchísimo menos sofisticado. (Otero, 2005: 39)

La referencia de Chomsky, citada por Otero, no es baladí. De lo que se trata, según el autor estadounidense, es de la necesidad que tiene el sistema político de mantener un nivel de control sobre la población sin recurrir a la violencia física o sectaria que se daba en métodos totalitarios, tanto en los regímenes de derecha (nazismo o fascismo) como los de la izquierda (comunismo, y especialmente su variante estalinista). En este control más sutil los medios de comunicación juegan un papel fundamental como expresión directa del ya conocido cuarto poder o incluso como poderes afines al Estado. Esto no es nuevo, pero toma especial relevancia cuando la sociedad comienza a lograr un estado de bienestar y los medios de comunicación se afianzan no sólo como un intermediario entre la realidad y el destinatario, sino como un instrumento de ocio.

Y en ese momento, especialmente efervescente tras la Segunda Guerra Mundial con la aparición de la televisión, movimientos políticos como los situacionistas lo advierten de forma clara y expresa, y denuncia el uso del lenguaje por parte de los "dueños del mundo" como forma de mantener su situación privilegiada en la sociedad:
"La inversión de las palabras testimonia el desarme de fuerzas de la contestación de las que se da cuenta con estas palabras. Los dueños del mundo se apoderan de los signos, los neutraliza, los invierten". (Internacional Situacionista, 2000:342)

En vista del demostrado poder que tiene el lenguaje para crear opinión es sumamente relevante observar la terminología utilizada por los medios de comunicación e intentar demostrar que la neolengua de Orwell ha encontrado su espacio en la realidad más de medio de siglo después de que este escritor regalara a la humanidad una de sus mejores obras.




La guerra es la paz

La consigna del partido en el 1984 de Orwell es la guerra es la paz: un lema acorde con el Ministerio de la Paz, que sustituye al Ministerio de la Guerra o el Ministerio de la Verdad, donde el protagonista del libro se encarga de escribir la historia:

Oceanía estaba en guerra con Asia Oriental; Oceanía había estado siempre en guerra con Asia Oriental. Una gran parte de la literatura política de aquellos cinco años quedaba anticuada, absolutamente inservible. Documentos e informes de todas clases, periódicos, libros, folletos de propaganda, películas, bandas sonaras, fotografías... todo ellos tenía que ser rectificado a la velocidad del rayo (Orwell, 1995: 182).

Los paralelismos de lo descrito en el libro con la época actual son más que evidentes. Basta comprobar cómo el Islam dejó de ser un aliado de Estados Unidos en su batalla contra el comunismo para convertirse en el "enemigo" número uno de la sociedad occidental. Cosas similares podemos decir de China, la antigua Unión Soviética o diversos países de Centroamérica.







Evidentemente aquí se trata de una cuestión de política internacional, pero no podemos abstraernos de las asombrosas similitudes que hay entre el 1984 de Orwell y los primeros años del siglo XXI, donde la guerra contra el terrorismo sirve como excusa para limitar las libertades de la población en aras de la seguridad global, al igual que en la novela de Orwell, donde la permanente guerra –aunque con enemigos alternos– justifica el totalitarismo del Gran Hermano.

La similitud es tal que se descubre además que el lenguaje es utilizado tanto en el Ingsoc como en la sociedad actual para hacer creer a la ciudadanía que la guerra asegurará la libertad, la seguridad y la democracia. Que estas afirmaciones las haga un gobierno o un partido político es comprensible, pero no que se realicen por los medios, siempre y cuando éstos fueran objetivos y neutrales. El problema lo encontramos tan pronto como descubrimos el seguidismo que se hace de la doctrina oficial y su lenguaje. Y es que la terminología que utilizan los gobiernos para definir determinados hechos o ideas se traslada miméticamente a los medios de comunicación, que con escaso pudor optan por repetir esos términos. Conocemos además, que el léxico utilizado para informar sobre un hecho tiene un valor esencial (Van Dijk 1995: 25). Tampoco hacen faltan muchos estudios para comprender que una idea, un acto o una persona puede ser calificada de muchas formas, atendiendo a los numerosos sinónimos de los que dispone cualquier lengua y, en nuestro caso, el idioma español.

Pero más allá de que todos los ministerios o departamentos se llamen de defensa –en lugar de guerra– existen palabras que no son ajenas a los lectores de cualquier periódico y que al final puede conseguir incluso que una sociedad determinada termine apoyando una guerra.

Hay una guerra de Irak contada por los medios de comunicación occidentales y otra por los medios árabes. Hay una guerra de Irak interpretada por el Gobierno de Estados Unidos y otra por la mayoría de los Gobiernos de Europa. Existen diferentes guerras según la cuenten chiíes, suníes, kurdos, habitantes del norte, del centro o del sur de Irak, incluso del norte, del centro o del sur de Bagdad. En España hay una versión de la guerra de Irak, de su origen y sus efectos construida por la izquierda y otra por la derecha. (Caño, 2005)




Conclusión


No es difícil llegar a la conclusión de que el lenguaje puede modelar el pensamiento humano. De hecho, ya partimos con esa premisa: el lenguaje se aprende de una forma natural y, con él, puesto que las palabras no son hechos abstractos y llevan aparejados unos contenidos, se van asimilando ideas o conceptos, hasta que todo el conjunto crea un pensamiento que es personal. Los debates en la lingüística están a la orden del día y aún existen discusiones acerca de si el pensamiento humano determina el lenguaje o si, por el contrario, el lenguaje es el que engloba y determina lo que el ser humano piensa.

El problema está quizás en palabras que no tienen una representación visual, como pudiera ser el caso de libertad, democracia, justicia, o las referidas, como dijimos antes, a sentimientos o sensaciones. Sin embargo, hoy no se contempla, por ejemplo, la posibilidad de que exista una democracia que no tenga un parlamento o un congreso y, desde luego, podemos observar cómo se intenta expandir por Oriente medio un concepto de democracia occidental que choca con la población de esos países. Lo mismo podríamos aplicar a una multitud de términos que tienen una consideración distinta en cada país o incluso región y cuyo significado está determinado por los que están posesión de las palabras.

Donde tampoco tiene que haber duda alguna es al comprobar cómo las personas terminan confluyendo sus pensamientos individuales. Es algo extraño pensar que el individuo, como ser único, elabora su propio pensamiento de forma aislada y posteriormente confluye con otros. Resultaría de esta manera muy extraordinario comprobar que palabras, esencialmente aquellas que no tienen un significado fijo o concreto –referidas especialmente a contenidos o conceptos abstractos e inmateriales–, tengan la misma representación conceptual en sujetos que no se conocen y cuyas vidas apenas tienen nada que ver.

Y la respuesta viene de la mano de van Dijk, con su mirada incisiva sobre las estrategias de manipulación, legitimación, creación de consenso y el resto de mecanismos discursivos que influyen en el pensamiento, lo que conlleva la adopción de una postura crítica y de oposición contra los que ocupan el poder y las elites, particularmente contra aquellos que abusan de su situación, como es el caso del protagonista de 1984, que se rebela contra ese poder y que, curiosamente, trabaja como encargado de adecuar las noticias ya existentes a las nuevas realidades como parte de su empleo de propagandista del sistema, en una especie de gabinete de prensa que cumple su función eficientemente.

Las dudas están disipadas desde hace tiempo, puesto que, a pesar de que hay excepciones en las que el lenguaje surge de la calle y se extiende de forma incontrolada e imprevista, la mayoría de las palabras –especialmente las que pueden ser peligrosas para el Gran Hermano de Orwell– suelen tener unos significados concretos y bien definidos.

La utilización de tipos concretos de lenguaje con propósitos políticos forma parte de una larga tradición histórica en el desarrollo humano y, para comprender cualquier sistema político, debemos comprender el significado creado por ese sistema. En lugar de aceptar a ciegas el sentido, uso y verdad de los líderes políticos y las noticias, tenemos la obligación, como ciudadanos de un Estado democrático, de cuestionar, discutir y comprender el lenguaje que nos proporcionan quienes afirmar representar nuestros intereses. (Collins y Glober, 2003: 13)

La propuesta y la interpelación al individuo para que éste sea consciente del lenguaje que está asimilando no debe ser pasada por alto. De lo que se trata es de ejercer una asimilación de la información de forma activa, es decir, que el sujeto sea consciente de lo que lee, escucha o ve por la televisión. La credibilidad que se otorga a los medios de comunicación como verdaderos y fieles transmisores de la realidad debe ser desterrada de forma inmediata. Tampoco se trata de afirmar que los medios mienten, pero sí de comprender que el lenguaje que se utiliza, con sus expresiones y términos, lleva aparejado unos conceptos que están estudiados para modelar y dirigir la sociedad en una dirección determinada.

Resulta tentador entrar, en este punto, a destacar algunos aspectos que se encuadrarían en el plano de la política o sociología, pero no sería necesario, ya que el propósito no es desmitificar o criticar determinados sistemas políticos, sino comprobar que los medios de comunicación repiten una y otra vez un lenguaje que sí tiene un fin político. Aún así, sería necesario apuntar que no hay sistema político que no pretenda modelar las palabras y darles un concepto determinado –es prácticamente imposible–. Quizás, la única opción que le queda al individuo es aprender por sí mismo y comparar el lenguaje utilizado, con sus respectivos términos y expresiones, en distintos conceptos y épocas.

Y en este aspecto los medios de comunicación son los que deberían buscar esa objetividad y ser consecuentes con una terminología concreta, y no utilizarla tal y como hace un país o sujeto determinado. Los resultados serían estremecedores, ya que observaríamos cómo, por poner un ejemplo muy recurrente, los terroristas serían, según los diccionarios, los sujetos que cometen actos destinados a infundir terror. Sin embargo, tal y como son descritos por los medios, en algunos lugares y dependiendo del interés político, algunos sí son terroristas mientras que otros sujetos, con actos similares, no sólo no son calificados de tal forma, sino que pueden ser considerados como ejemplos para la ciudadanía.

La solución a esta disfunción del lenguaje parece compleja, puesto que el idioma es algo vivo, que evoluciona cada día y que se enriquece o se empobrece –según las opiniones– con las diversas aportaciones que vienen de otros idiomas, de otros países o de distintos estratos sociales. Lo que no parece tan complejo es exigir a los medios que no caigan en el error de repetir el lenguaje que nos indica la fuente y, especialmente, cuando la fuente tiene la osadía de afirmar que está en posesión de la verdad. Posiblemente la única solución pasa por informar, dar los hechos, describir los acontecimientos y que sea el receptor de la información el que decida valorarla y aplicar los calificativos o términos que desee. Puede que sea posible, pero no parece sencillo.



Bibliografía
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